viernes, 21 de octubre de 2016

Un apolítico muy político

Del por qué no se alcanza la paz en Colombia

¿Así que no te gusta la política? –dime que se siente tratar de ser indiferente a poder decidir sobre ti mismo.
¿De modo que si te gustaría poder decidir sobre ti mismo? –dime que se siente ser político.
Iniciemos por poner las cartas sobre la mesa –exacto, como en el póker. Hasta aquí de analogías.- es preciso definir que es la política. Tal vez un poco de historia -esa la buscas tú, en la comodidad de tu silla de computador. Ya lo decía el sabio Aristóteles «remontarse al origen de las cosas y seguir atentamente su desenvolvimiento es el camino más seguro para la observación»

Empecemos con que somos ciudadanos.

Pero, ¿qué es un ciudadano? Tratemos esto de un modo sencillo mas no simplista y agradeciendo a nuestra bastante inclusiva carta magna del ‘91 que prohíbe la esclavitud: sea toda persona natural acogida a los derechos y deberes de un estado -de Colombia en el caso nuestro. Pero ahora, ¿qué es un estado? – pues muy fácil, y por favor no te dejes enredar, el estado no es más que la asociación de los ciudadanos. Nadie podrá decir que esta definición es errónea, solo querrán agregarle algunas cosas. Entendido lo anterior, quiero sentar que nosotros los ciudadanos no nos encontramos levitando en la nada. Estamos en este planeta, entre este pedazo de tierra, mar y aire (territorio) al que llamaron irresponsablemente –y me disculpará el señor de Miranda – Colombia.

Listo. Ahora que tenemos entendido a este grupo de gente asociada por cuestiones geográficas y para ponerle sazón a nuestro sancocho terminológico, creo que ya podremos definir lo que es la política. Ante todo debemos considerarla una ciencia, puesto que se basa en métodos racionales para obtener sus resultados, estos son: las normas para el bienestar individual y común de los ciudadanos en su convivencia y resolución de conflictos. Como quien dice, todo sea por el bien tuyo y mío. De ahí se desprende todo –sí, todo, lo que se te ocurra, como que todos comamos y tengamos donde dormir. ¿Quieres un ejemplo? te daré tres.

Imagina que tenemos en nuestro territorio una mina de oro, el cual es muy apetecido en el mercado y por el cual pagan muy bien. La política funciona para decidir, entre otras cosas: de encontrarse la mina en un páramo, el explotarla o no, dándole prelación al medio ambiente. Ahora, de encontrarse en un desierto siendo susceptible de ser explotada con mínimo daño ambiental, decidir si la explotamos nosotros mismos (entre nosotros los ciudadanos quienes sepan) y vender el oro nosotros mismos de modo que aprovechemos el máximo de ganancias; si la explota uno solo (con sus medios y recursos) y este se queda con las ganancias a cambio de un porcentaje o se le permita a extranjeros explotarla y quedarse con las ganancias a cambio de un porcentaje –mmm…no sé por qué se me hacen tan familiares estos dos últimos casos…no se…

Para un segundo ejemplo diré que la energía eléctrica es evidentemente útil para la vida humana y que la política funciona para decidir, entre otras cosas: sobre su obtención, distribución y costos. Quien la extrae y distribuye –como las tres formas mencionadas anteriormente. De hecho podemos decidir si se financia con las ganancias de la venta del oro del ejemplo anterior. Decidir si se quema leña y petróleo para su obtención o se saca del aire, del agua o del sol.

Por último ejemplificaré con un conflicto que me tiene dando vueltas la cabeza desde hace algún tiempo. Imagina que vas por la calle vestido muy elegante y arreglado porque tienes que asistir a una reunión muy importante. Pasas por debajo de un balcón donde hay tres niños, y estos tres niños te escupen y te arrojan agua sucia muy maloliente -¿Cuánta impotencia, cierto? Bueno, la política también sirve para determinar cómo se resuelve este peculiar caso.


¿Aún no has comprendido cuán importante es la política? 

Podría pasarme todo el día inventando ejemplos o sacándolos de la realidad –como prefieras. Es evidente que mientras cada uno de nosotros los colombianos no estemos enterados y convencidos de que podemos ser artífices de nuestro propio bienestar, no podremos vivir en paz.

sábado, 8 de octubre de 2016

Un NO, no legítimo



El pasado 2 de Octubre, como escasas veces en la corta y triste historia de esta pseudo nación, tuvimos la suerte de presenciar, entre nuestra democracia de paja, un hecho con escasos precedentes: ¡Se les preguntó a los ciudadanos si estaban de acuerdo con algo! con un hecho político específicamente, y como en cada ocasión, como si agazapada esperase cada momento para hacerlo, salió a relucir de lo que está hecha.

Este funesto domingo ganaron, como es bien sabido por ti y por mí, la ignorancia, el odio y el miedo; este último atizado enérgicamente por la primera. Pero este no es un odio genuino. Este es un odio tele-impuesto, un odio tele-vi[s]iado. Este es un miedo mediocre, un miedo de pacotilla, un miedo de alquiler pagado con elevadas cuotas de  retraso, discordia e injusticia. Pero la ignorancia…esta sí que es auténtica, esta la celebran, es la niña consentida de la casa. Por la que se lucha a capa y espada contra cualquier intento de serles arrebatada. Sí, serles; me declaro alienado de esa masa ignara e indolente cuyas decisiones políticas bien merecen ser desdeñadas por todos los pueblos y hasta especies sobre la tierra.

Lamentablemente, tras leer y escuchar cientos de argumentos, determiné que se puede realmente comprobar  a qué correspondió la marca sobre el recuadro izquierdo de la boleta para más de seis millones cuatrocientos mil irresponsables:
  1. ¿Sabe usted por qué se crea una guerrilla?
  2. ¿Sabe usted por qué se originaron los grupos subversivos en Colombia?
  3. ¿Conoce usted que rezan los artículos 5, 12, 16 y 22 de la constitución política de Colombia?
  4. ¿Perdona usted afrentas no recibidas, cuyos perpetradores pretenden resarcir y cuyas víctimas desean absolver, en un marco de no repetición?
  5. ¿Tolera usted las preferencias sexuales de sus congéneres a quienes probablemente jamás verá en toda su vida?
  6. ¿Le importa a usted que miles de niños desamparados por sus progenitores no tengan un hogar o un núcleo familiar en el cual desarrollarse íntegramente?
  7. ¿Leyó usted el acuerdo y ley de amnistía por los que está votando en este preciso instante?

¡No es justo! No es justo (¿o le parece?, estimado lector) que tenga validez un voto de un ciudadano, que viene a ser antítesis de sus responsabilidades constitucionales. No considero razonable que una persona pueda decidir sobre algo que desconoce en sí. Es irresponsable asumir que por haber sido publicados, los acuerdos fueron leídos. Para una próxima recomiendo que hagan un examen previo de conocimientos. Es más… ¡lo exijo!

¿Que coaccionaron la elección del no? Pues no es nada, al que leyó los acuerdos no le echan carreta. Acuso a quién no leyó y voto y a quien pudiendo, no votó.
Por aquellos ciudadanos quienes no leyeron el acuerdo final y fueron a las urnas, declárese la nulidad del hecho democrático.