jueves, 30 de mayo de 2019

Los Buenos Hijos


PATRIA: su consigna. ENEMIGOS DE LA PATRIA: sus adversarios. Estos mil ciento cuarenta y dos kilómetros cuadrados de violencia centenaria dan fe de que Colombia es una madre que mata a sus crías.

Perpetuar la práctica filicida, misión asumida por quienes se presumen ser más herederos de esta nación que quienes se empecinan en quejarse de que ella no los ampara. Porque son menos dignos quienes pretenden mantenerse vivos, quienes rechazan ser despojados del suelo que pisan, y quienes se oponen a que sus hijos sean tomados para la consecución del fin extintor primario; o quienes desean no morir de hambre o por falta de atención médica. Este valle de sombra de muerte no tiene cabida para ellos, aquí no caben aquellos a quienes les aterra la vocación feroz de su progenitora.

Es una patria de sangre que debe derramarse, como si la reclamara para sí y para el cielo que la evapora hoy en los andenes. La misma sequedad insaciable que nos remite al dios que la cobija. Padre que ama a sus creaciones de tal modo que los quiere cerca pronto. Sus emisarios hacen un trabajo excelente y disponen de todos los medios para llevar a buen cabo sus propósitos divinos.

La libertad debe permanecer sumisa a la coacción. El principio humanista subyugado por las creencias pétreas que algún patriota más viejo profese. El orden debe ser impuesto por patrias superiores a quienes les parece que esta camada de babuinos poseen los ánimos más salvajes ¾los babuinos de más madre tendrán la responsabilidad de mantener la jaula en calma¾. Los babuinos siniestros  deberán ser exterminados. Ningún babuino podrá despiojar a otro, ni ofrecerle fruta. Los babuinos patriotas tendrán derecho a acaparar las frutas y ramas que deseen y la harán sentir orgullosa.

Servirle bien y con honor a la patria es matar. Es conservar la tradición, el deber de cuidarla, de que su legado sanguinario sea sólido y perdure. Es que los nacidos entre sus enemigos maten a sus enemigos. Es arrancar de raíz cada planta y llevar su oro a los exhibidores más cotizados del mundo; el importe a cambio nos comprará otra casa y nos permitirá viajar a ver una fracción de ese oro en aquellas estanterías.

 Ser buen hijo es destruirla, y venerar a sus vástagos de antaño siempre será un gran regalo. Ser buen hijo es preferir mirar a otro lado en presencia de su fin atroz. Ser buen hijo es exterminar a quienes se levanten en armas contra sus buenos muchachos. Es ignorar ciegamente su historia y la historia de su descendencia, es silenciar a quienes quieran narrarlas. Ser buen hijo es rezar su consigna desconociendo que la asignación fue al azar. Extinguir sus fuentes hídricas está entre las mejores cosas que podemos hacer por ella ¾así de paso morirán otros tantos¾. Será buen hijo quien logre perjudicar a la mayor cantidad de sus hermanos.

Perdóname madre por ser el peor entre los tuyos.

lunes, 24 de julio de 2017

10 trucos infalibles para ser un buen colombiano




A todos nos pasa que nos encontramos a diario con noticias que nos hacen retorcer las tripas de indignación. Viajamos en una montaña rusa emocional con la situación colombiana, que al parecer no puede detenerse y la impotencia nos carcome.
Ahora podemos estar tranquilos. Estos atajos milenarios están diseñados de manera que favorecen el facilismo y la cultura del ya que nos anega, de manera que pueden ser utilizadas por todos. También pueden difundirse y serán puestos en marcha sin tener que empujar a nadie.  
Las técnicas están relacionadas con las habilidades de trabajar y pensar en términos sociales y la capacidad de emplear el razonamiento instintivo.
La práctica de este método es clave para el desarrollo de la convivencia y es fundamental para el bienestar de cada uno de los habitantes del país y su desarrollo, ya que van mucho más allá de la nacionalidad y la preparación profesional, contribuye con importantes beneficios como la facultad de entender, valorar y establecer relaciones basadas en el respeto de forma esquemática y técnica. Implica la habilidad para utilizar de manera casi natural el sentido común, la información, la inteligencia y la disciplina.
Así que si quiere de verdad sentirse orgulloso de ser un buen colombiano, en otras palabras, ser un colombiano del putas:

1.     Tome conciencia de que usted no está solo.

Estamos rodeados de padres, hermanos, familiares, vecinos, compañeros, personas en general que cohabitan un espacio y tienen, al igual que nosotros, deberes y derechos.

2.     No joda.

Siéntase libre de vivir, expresarse, desarrollarse como persona, hacerse a cualquier creencia y pensamiento teniendo presente en todo momento que su libertad termina donde comienza la libertad del otro.


3.     Edúquese y sea activo en política.

No permita que otros decidan por usted. Conocer los hechos históricos, la vida de la administración pública, la terminología y corrientes de pensamiento le permitirá contextualizar y adoptar una posición y actitudes sensatas.


4.     Edúquese.

En cualquier campo, siempre y en todos lados hay algo que hacer, alguien que necesita que algo se haga. Aprenda y hágalo bien.


5.     Lea.

Manténgase bien informado, contraste las fuentes y, por favor, comparta y enseñe.

6.     No coja las cosas que son del otro. Literal.


7.     Sea amable.

Muestras como saludar, escuchar o despedirse son apenas básicas para una buena convivencia, practíquelas.

8.     Analice los pros y los contras antes de actuar.

La idea no es convertirse en calculador  o inactivo, pero haga el ejercicio y tírele mente a las vainas, y hágase responsable de sus acciones. ¡a que le va mejor! 

9.     Cójala suave.

Lo tropezaron, acepte disculpas. Le aseguro que nadie quiere andar dándose topes contra usted ni con nadie en ningún momento y bajo ninguna circunstancia. Los accidentes ocurren.

10.  Cuide el planeta.

No es solo evitar, también es cuestión de actuar. Tome parte activa en la conservación y protección del suelo, agua, aire, plantas y animales.

Todos nacemos con las condiciones para desarrollar este tipo de habilidades. Los diferentes alcances van a depender de la estimulación dada y recibida. Es importante saber que estos truquitos se pueden y entrenar para conseguir mayores logros y beneficios.

viernes, 3 de febrero de 2017

Un transportado furibundo

El asunto que me sienta esta mañana frente al escritorio, quisiera –aunque no es preciso– remontarlo a varias decenas de siglos atrás, por ser tan antiguo como la civilización misma. La necesidad de movilizar por tierra, de forma masiva a la gente, ha sido un propósito que ha dado qué pensar a las sociedades y, además, trabajo a los ingenieros durante todas las épocas. En sus inicios y en largas distancias para el transporte de esclavos, reyes con sus respectivas cortes, etc. Posteriormente con el crecimiento de las urbes, las divisiones sociales del trabajo y el incremento poblacional, fue preciso que la tecnología hiciera su parte frente al mencionado menester y, por supuesto, respondió con creces. Se pasó de la tracción animal al motor, se mejoró vertiginosamente la eficiencia de estos y los medios para emplearlos. Entonces se pudo movilizar a grandes grupos de personas en camiones, buses…

    Ahora que he perdido completamente su atención –estimados lectores–,   quisiera decir que EL TRANSPORTE PÚBLICO EN LA CIUDAD DE CARTAGENA DE INDIAS ES UNA COMPLETA Y SOBERANA PORQUERÍA. Habiéndome desahogado ya con  la sentencia anterior y para tomar de nuevo los estribos, diré que el transporte público de la ciudad es pésimo. Salir a tomar el colectivo (Trata… Maltrataré específicamente sobre servicio de buses y busetas) en Cartagena es una suerte, un juego de azar cuyo precio (aparte de los $2.100 pesos que establecieron como tarifa desde el pasado lunes) obligatorio, es el tiempo o hasta la vida misma por, como le dicen allá, andar “pagando pato” durante la espera.

    Esperar hasta ochenta minutos para tomar un bus, no es el ideal de uso de tiempo para un trabajador cansado, un estudiante urgido, o cualquier persona que necesite desplazarse largas o medianas distancias en su día a día. El cartagenero en general desconoce el valor del transporte a tiempo, al igual que desconoce el nombre de los males personales y sociales que le aquejan. Desconoce qué es salir de su casa para estar en un paradero a las siete menos cuarto con el fin de llegar a su destino a las siete y treinta, y no tener que salir a las seis en punto a esperar, en esa misma parada, como acostumbra, a ver quién pasa y le da la gana de llevarlo, o una mala hora. El cartagenero en general vive obligado a poner su tiempo de vida en manos del azar de seres mezquinos y a no saber que le puede llamar sórdida a su experiencia en los trayectos. Y seguirá en esas mientras no despierte.

    El chofer de bus cartagenero, ser avieso y huraño sacado de las profundidades del mismísimo averno, tiene entre sus infames y antipáticas particularidades despertar el odio y las peores intenciones en los usuarios, de las maneras más viles y abyectas que la humanidad pudiera concebir, tales como: no recogerlos (únase a lo del tiempo de espera), sea a causa de su misma naturaleza o por venir disputándose el camino con alguno de sus homólogos; conducir a velocidades desmedidas y realizar maniobras que en conjunto o individualmente ponen en riesgo la vida del pasajero y muy comúnmente animales callejeros; ir  ex…ce…s…i…va… … …me…n…t…e  l…en…t…o (creo que lo dije muy rápido) durante gran parte del trayecto. Entonces se vuelve los más permisivos, se hacen amigos de todas las lucecitas rojas que se encuentren en el camino o simplemente se detienen, dejando en últimas instancias las necesidades de los usuarios.

     Subir a una buseta en Cartagena es un acto de valientes. Si tienes la suerte de que te recojan, luego de que un penetrante olor a combustible te llegue hasta los intestinos, una despreciable voz gutural te dirá: <<ahí ‘ue>>, entonces sabrás que tendrás que entregarle el dinero del pasaje –lo mejor es tener sencillo–.  Encontrarás mínimo dos ventanas fijas (que te dará la impresión de ser las más amplias) con el letrero de: SALIDA DE EMERGENCIA y algún instructivo; alguna otra estará trabada. Si el destino te sitúa junto a una de esas, habrás de desear haber salido bien hidratado de casa; la hora del día es indiferente. Rezarás por que no suban a atracar, a veces harás oraciones que durarán todo el camino. Se subirán uno tras otro a ofrecerte mal Rap,  dulces, estampas, bolígrafos, ungüentos, agujas y toda suerte de adminículos de los que has prescindido y prescindirás durante toda tu vida. Experimentarás estar en una gran y errática mecedora y, en el vaivén de cada frenada, tu resistencia muscular será puesta a prueba: si vas sentado los de tu cuello, si vas de pie… todos.  Cabe imaginar que el alto volumen de la música será para no oír tus quejidos –oh  sí, la ecualización será la peor posible–. Escucharás con increíble frecuencia la bulla ensordecedora de alarmas para auto, la que pueden controlar con un botón que tienen muy cerca del volante. La activarán cada vez que frenen, cada vez que arranquen, cada vez que cambien de marcha, cada vez que vean a una posible víctima o esta, a lo lejos, les extienda el brazo; cuando giren a la izquierda y a la derecha, cuando cambie la luz del semáforo no importa a qué color; la presionaran por poco y por mucho tiempo. Créeme, no será lindo. Cuando estés muy próximo a tu destino deberás levantar la voz con vehemencia y decir: <<parada>>, entonces disminuirá la velocidad y podrás arrojarte del vehículo.    

     Ningún alcalde ha conocido lo tortuoso del asunto, ni mucho menos la mala vida que tiene que darse el ciudadano para llegar a su lugar de trabajo, estudio o residencia; y como la costumbre es que les peguen y quedarse callados, los usuarios se aguantan todo. Además – también lo he oído decir– << ¿Uno con quién se queja? >>.  El mal servicio en el transporte público colectivo es una problemática social y nadie la ha considerado en sus campañas, ni ya sentados frente a la Plaza de la Aduana. El servicio no puede ser peor y un SITM sólo es un pañito húmedo ante una problemática de fondo y  de forma. Las condiciones e infraestructura permiten prestar, no solo un mejor, sino, un buen servicio a pesar del puñado de vías con que cuenta la ciudad, únicamente hace falta una mano firme que ponga en cintura a los prestadores.   

    Ahora bien, pongamos la cuestión en perspectiva. Tengo que cumplir con una tarifa, un recorrido, un reloj y unos horarios. Querré que a mi vehículo se suba el mayor número de personas, querré que mi vehículo dé el mayor número de vueltas, querré llegar a tiempo a los relojes, pasaré por donde me de mi gana, cuando me de mi gana y recogeré a la gente que me de mi gana y haré el ruido que yo quiera, conduciré como yo quiera: <<Tú verás si te montas>>  ¿Qué hacer? Organizarse (tiempos, horarios, rutas y máquinas), atender realmente sugerencias quejas y reclamos. Estoy seguro que no es ni siquiera difícil.

Ahora, un poco de física básica y sentido común para nuestros odiados energúmenos:

·        Impenetrabilidad: resistencia que opone un cuerpo a que otro ocupe su lugar en el espacio; ningún cuerpo puede ocupar al mismo tiempo el lugar de otro.
·        Para hacer un recorrido en un tiempo dado, es preferible que se lleve a cabo a una velocidad constante, que hacerlo excesivamente lento y luego excesivamente rápido (su vehículo se lo agradecerá también).
·        Fuerza centrífuga: Si se conduce a alta velocidad un vehículo alto, al cambiar de dirección de forma brusca, este puede volcarse.

      …tranvías, metros, etc. La explotación de estos medios masivos de transporte propició indiscutiblemente el desarrollo industrial (y por consiguiente económico), social y cultural de las ciudades. Las sociedades que valoran la utilización del tiempo y los horarios: la puesta diaria del obrero para el inicio de su jornada laboral, la llegada puntual a clases, eventos sociales y deportivos, tienen, sin lugar a dudas, el desarrollo que merecen.  

viernes, 2 de diciembre de 2016

Libelo contra el...

Pueblo colombiano. Gigante pendejo. ¿Cuántos dedos ajenos más te caben en la boca? Ha de ser por eso que permaneces tan callado.  Pero ¿qué haces? otra vez atándote tu amada venda tricolor. ¿Cuántos de entre los tuyos no te han hecho el favor de quitarte ese trapo de la cara? mira como lo tienes hediondo por el sudor fútbol–…verdad que los mataste. Estás siempre bien despierto y animoso, pero para puras huevonadas. Por eso es que llega siempre uno que otro Ulises y te puya los ojos (sí, los dos) dizque para que progreses, pero como evidentemente no tienes la mínima idea de lo que es progreso, estás como estás: ¡Jodido!
Ven y te trato de quitar de nuevo la un momentico.
Demos por sentado que tu parto fue un tanto difícil y por eso eres medio tarado, teniendo en cuenta eso y conociendo tu historial, hasta se me quitan las ganas de decirte cualquier cosa, pero igual ajá... por eso has asesinado, desplazado y despojado de cualquier forma imaginable a tus campesinos, desde que se tiene memoria. Entonces te toca comprar la comida más cara, los sobrantes de otros, regados con ya se te ha dicho toda clase porquerías. Un buen día (y desde entonces lo has venido haciendo), empezaste a vender tu patrimonio, o sea, lo tuyo claro, tampoco tienes idea de lo que es eso, que porque <<no se quienes>> tenían derecho a la libre competencia; que porque lo tuyo era malo y lo de los otros mejor. Poner en manos de otros tu infraestructura, tu salud, tu educación, tu energía, tus servicios públicos, tus recursos naturales ¡para que <<no se quienes>> ganen más plata! ¡Serás tonto! Ahora estás que te robaron “no sé cuántos” mil millones de dólares en Cartagena, “no sé cuántos” billones de pesos las EPS’s en todos sus años, “no sé cuántos” billones de pesos entre los contratistas ¡por *ios, es tu propia plata! Tanto que te gusta la plata, ¡hasta te gusta más que tu disparatado patrioterismo!; no tienes educación abierta y universal ni de calidad, tampoco cultura; y además se te están muriendo tus niños de hambre y también en las entradas de los hospitales (que previamente vendiste). Con todo eso, te haces llamar “EL IDIOTA MÁS FELIZ DEL MUNDO” – ¿es así el apelativo? seguro no oíste decir que la felicidad es directamente proporcional a la ignorancia; o seguro te tapaste los oídos, como acostumbras, cuando te lo intentaron decir; de seguro no sabes lo que es la felicidad, ni mucho menos lo que es la ignorancia.
Ahora me sacarás la misma excusa barata de siempre: que “son los políticos”. ¡Mentira!, ¡Mentira! Eres tú. Tú mismo quien les alcahueteas todas sus perrerías, tú mismo quien les votas, quien los pones ahí con tus sistemas laxos y permisivos; que tampoco reaccionas y te mantienes indiferente cuando se destapan las ollas podridas y que te dejas embelesar con papelitos de colores y cajitas luminosas llenas a todas horas de basura y de pendejadas; tú quien les recibes un tamal o un sancocho y una botella de guaro un día y los desatiendes por cuatro años durante los cuales vives quejándote de ellos; tú mismo quien los mantienes impunes.
Me contaron el otro día, que te dijeron; te recomendaron, que no le recibieras plata a “unos señores” porque no se la ibas a poder pagar y te ibas a quedar endeudado por <<no sé cuántas>> décadas, pero por el oído por donde te entró, por el mismo te salió; metiste categóricamente la pata y ahora estas nadando en mierda hasta el cuello – ¡es que además, te pasas de necio! ¿de qué manera es que hay que decirte las cosas? A ver, haces, pero haces lo que NO te conviene. No lo entiendo, no lo entiendo, de verdad no lo entiendo.
Que lo único que hago es criticar. Pero ¿qué es lo que tienes de bueno? ¿Qué es lo que estás haciendo tú bien? Si lo primero, la base de todo la tienes mal, ¿qué de lo que esté soportado sobre eso va a estar bien por consiguiente? No soy el primero en decirte estas cosas. Me gustaría ser el último y que a partir de aquí empieces a entrar en razón, a ponerte inteligente y que tú mismo te empieces a dar cuenta de las cosas. Que para que empieces a estar bien tienes que ver y escuchar, y atender lo que está mal. Pero sé que eres un gigante imbécil y atolondrado que mata las buenas razones. Deberías ya dejarte de eso. Vamos a ver qué pasa                

     

viernes, 21 de octubre de 2016

Un apolítico muy político

Del por qué no se alcanza la paz en Colombia

¿Así que no te gusta la política? –dime que se siente tratar de ser indiferente a poder decidir sobre ti mismo.
¿De modo que si te gustaría poder decidir sobre ti mismo? –dime que se siente ser político.
Iniciemos por poner las cartas sobre la mesa –exacto, como en el póker. Hasta aquí de analogías.- es preciso definir que es la política. Tal vez un poco de historia -esa la buscas tú, en la comodidad de tu silla de computador. Ya lo decía el sabio Aristóteles «remontarse al origen de las cosas y seguir atentamente su desenvolvimiento es el camino más seguro para la observación»

Empecemos con que somos ciudadanos.

Pero, ¿qué es un ciudadano? Tratemos esto de un modo sencillo mas no simplista y agradeciendo a nuestra bastante inclusiva carta magna del ‘91 que prohíbe la esclavitud: sea toda persona natural acogida a los derechos y deberes de un estado -de Colombia en el caso nuestro. Pero ahora, ¿qué es un estado? – pues muy fácil, y por favor no te dejes enredar, el estado no es más que la asociación de los ciudadanos. Nadie podrá decir que esta definición es errónea, solo querrán agregarle algunas cosas. Entendido lo anterior, quiero sentar que nosotros los ciudadanos no nos encontramos levitando en la nada. Estamos en este planeta, entre este pedazo de tierra, mar y aire (territorio) al que llamaron irresponsablemente –y me disculpará el señor de Miranda – Colombia.

Listo. Ahora que tenemos entendido a este grupo de gente asociada por cuestiones geográficas y para ponerle sazón a nuestro sancocho terminológico, creo que ya podremos definir lo que es la política. Ante todo debemos considerarla una ciencia, puesto que se basa en métodos racionales para obtener sus resultados, estos son: las normas para el bienestar individual y común de los ciudadanos en su convivencia y resolución de conflictos. Como quien dice, todo sea por el bien tuyo y mío. De ahí se desprende todo –sí, todo, lo que se te ocurra, como que todos comamos y tengamos donde dormir. ¿Quieres un ejemplo? te daré tres.

Imagina que tenemos en nuestro territorio una mina de oro, el cual es muy apetecido en el mercado y por el cual pagan muy bien. La política funciona para decidir, entre otras cosas: de encontrarse la mina en un páramo, el explotarla o no, dándole prelación al medio ambiente. Ahora, de encontrarse en un desierto siendo susceptible de ser explotada con mínimo daño ambiental, decidir si la explotamos nosotros mismos (entre nosotros los ciudadanos quienes sepan) y vender el oro nosotros mismos de modo que aprovechemos el máximo de ganancias; si la explota uno solo (con sus medios y recursos) y este se queda con las ganancias a cambio de un porcentaje o se le permita a extranjeros explotarla y quedarse con las ganancias a cambio de un porcentaje –mmm…no sé por qué se me hacen tan familiares estos dos últimos casos…no se…

Para un segundo ejemplo diré que la energía eléctrica es evidentemente útil para la vida humana y que la política funciona para decidir, entre otras cosas: sobre su obtención, distribución y costos. Quien la extrae y distribuye –como las tres formas mencionadas anteriormente. De hecho podemos decidir si se financia con las ganancias de la venta del oro del ejemplo anterior. Decidir si se quema leña y petróleo para su obtención o se saca del aire, del agua o del sol.

Por último ejemplificaré con un conflicto que me tiene dando vueltas la cabeza desde hace algún tiempo. Imagina que vas por la calle vestido muy elegante y arreglado porque tienes que asistir a una reunión muy importante. Pasas por debajo de un balcón donde hay tres niños, y estos tres niños te escupen y te arrojan agua sucia muy maloliente -¿Cuánta impotencia, cierto? Bueno, la política también sirve para determinar cómo se resuelve este peculiar caso.


¿Aún no has comprendido cuán importante es la política? 

Podría pasarme todo el día inventando ejemplos o sacándolos de la realidad –como prefieras. Es evidente que mientras cada uno de nosotros los colombianos no estemos enterados y convencidos de que podemos ser artífices de nuestro propio bienestar, no podremos vivir en paz.

sábado, 8 de octubre de 2016

Un NO, no legítimo



El pasado 2 de Octubre, como escasas veces en la corta y triste historia de esta pseudo nación, tuvimos la suerte de presenciar, entre nuestra democracia de paja, un hecho con escasos precedentes: ¡Se les preguntó a los ciudadanos si estaban de acuerdo con algo! con un hecho político específicamente, y como en cada ocasión, como si agazapada esperase cada momento para hacerlo, salió a relucir de lo que está hecha.

Este funesto domingo ganaron, como es bien sabido por ti y por mí, la ignorancia, el odio y el miedo; este último atizado enérgicamente por la primera. Pero este no es un odio genuino. Este es un odio tele-impuesto, un odio tele-vi[s]iado. Este es un miedo mediocre, un miedo de pacotilla, un miedo de alquiler pagado con elevadas cuotas de  retraso, discordia e injusticia. Pero la ignorancia…esta sí que es auténtica, esta la celebran, es la niña consentida de la casa. Por la que se lucha a capa y espada contra cualquier intento de serles arrebatada. Sí, serles; me declaro alienado de esa masa ignara e indolente cuyas decisiones políticas bien merecen ser desdeñadas por todos los pueblos y hasta especies sobre la tierra.

Lamentablemente, tras leer y escuchar cientos de argumentos, determiné que se puede realmente comprobar  a qué correspondió la marca sobre el recuadro izquierdo de la boleta para más de seis millones cuatrocientos mil irresponsables:
  1. ¿Sabe usted por qué se crea una guerrilla?
  2. ¿Sabe usted por qué se originaron los grupos subversivos en Colombia?
  3. ¿Conoce usted que rezan los artículos 5, 12, 16 y 22 de la constitución política de Colombia?
  4. ¿Perdona usted afrentas no recibidas, cuyos perpetradores pretenden resarcir y cuyas víctimas desean absolver, en un marco de no repetición?
  5. ¿Tolera usted las preferencias sexuales de sus congéneres a quienes probablemente jamás verá en toda su vida?
  6. ¿Le importa a usted que miles de niños desamparados por sus progenitores no tengan un hogar o un núcleo familiar en el cual desarrollarse íntegramente?
  7. ¿Leyó usted el acuerdo y ley de amnistía por los que está votando en este preciso instante?

¡No es justo! No es justo (¿o le parece?, estimado lector) que tenga validez un voto de un ciudadano, que viene a ser antítesis de sus responsabilidades constitucionales. No considero razonable que una persona pueda decidir sobre algo que desconoce en sí. Es irresponsable asumir que por haber sido publicados, los acuerdos fueron leídos. Para una próxima recomiendo que hagan un examen previo de conocimientos. Es más… ¡lo exijo!

¿Que coaccionaron la elección del no? Pues no es nada, al que leyó los acuerdos no le echan carreta. Acuso a quién no leyó y voto y a quien pudiendo, no votó.
Por aquellos ciudadanos quienes no leyeron el acuerdo final y fueron a las urnas, declárese la nulidad del hecho democrático.