viernes, 2 de diciembre de 2016

Libelo contra el...

Pueblo colombiano. Gigante pendejo. ¿Cuántos dedos ajenos más te caben en la boca? Ha de ser por eso que permaneces tan callado.  Pero ¿qué haces? otra vez atándote tu amada venda tricolor. ¿Cuántos de entre los tuyos no te han hecho el favor de quitarte ese trapo de la cara? mira como lo tienes hediondo por el sudor fútbol–…verdad que los mataste. Estás siempre bien despierto y animoso, pero para puras huevonadas. Por eso es que llega siempre uno que otro Ulises y te puya los ojos (sí, los dos) dizque para que progreses, pero como evidentemente no tienes la mínima idea de lo que es progreso, estás como estás: ¡Jodido!
Ven y te trato de quitar de nuevo la un momentico.
Demos por sentado que tu parto fue un tanto difícil y por eso eres medio tarado, teniendo en cuenta eso y conociendo tu historial, hasta se me quitan las ganas de decirte cualquier cosa, pero igual ajá... por eso has asesinado, desplazado y despojado de cualquier forma imaginable a tus campesinos, desde que se tiene memoria. Entonces te toca comprar la comida más cara, los sobrantes de otros, regados con ya se te ha dicho toda clase porquerías. Un buen día (y desde entonces lo has venido haciendo), empezaste a vender tu patrimonio, o sea, lo tuyo claro, tampoco tienes idea de lo que es eso, que porque <<no se quienes>> tenían derecho a la libre competencia; que porque lo tuyo era malo y lo de los otros mejor. Poner en manos de otros tu infraestructura, tu salud, tu educación, tu energía, tus servicios públicos, tus recursos naturales ¡para que <<no se quienes>> ganen más plata! ¡Serás tonto! Ahora estás que te robaron “no sé cuántos” mil millones de dólares en Cartagena, “no sé cuántos” billones de pesos las EPS’s en todos sus años, “no sé cuántos” billones de pesos entre los contratistas ¡por *ios, es tu propia plata! Tanto que te gusta la plata, ¡hasta te gusta más que tu disparatado patrioterismo!; no tienes educación abierta y universal ni de calidad, tampoco cultura; y además se te están muriendo tus niños de hambre y también en las entradas de los hospitales (que previamente vendiste). Con todo eso, te haces llamar “EL IDIOTA MÁS FELIZ DEL MUNDO” – ¿es así el apelativo? seguro no oíste decir que la felicidad es directamente proporcional a la ignorancia; o seguro te tapaste los oídos, como acostumbras, cuando te lo intentaron decir; de seguro no sabes lo que es la felicidad, ni mucho menos lo que es la ignorancia.
Ahora me sacarás la misma excusa barata de siempre: que “son los políticos”. ¡Mentira!, ¡Mentira! Eres tú. Tú mismo quien les alcahueteas todas sus perrerías, tú mismo quien les votas, quien los pones ahí con tus sistemas laxos y permisivos; que tampoco reaccionas y te mantienes indiferente cuando se destapan las ollas podridas y que te dejas embelesar con papelitos de colores y cajitas luminosas llenas a todas horas de basura y de pendejadas; tú quien les recibes un tamal o un sancocho y una botella de guaro un día y los desatiendes por cuatro años durante los cuales vives quejándote de ellos; tú mismo quien los mantienes impunes.
Me contaron el otro día, que te dijeron; te recomendaron, que no le recibieras plata a “unos señores” porque no se la ibas a poder pagar y te ibas a quedar endeudado por <<no sé cuántas>> décadas, pero por el oído por donde te entró, por el mismo te salió; metiste categóricamente la pata y ahora estas nadando en mierda hasta el cuello – ¡es que además, te pasas de necio! ¿de qué manera es que hay que decirte las cosas? A ver, haces, pero haces lo que NO te conviene. No lo entiendo, no lo entiendo, de verdad no lo entiendo.
Que lo único que hago es criticar. Pero ¿qué es lo que tienes de bueno? ¿Qué es lo que estás haciendo tú bien? Si lo primero, la base de todo la tienes mal, ¿qué de lo que esté soportado sobre eso va a estar bien por consiguiente? No soy el primero en decirte estas cosas. Me gustaría ser el último y que a partir de aquí empieces a entrar en razón, a ponerte inteligente y que tú mismo te empieces a dar cuenta de las cosas. Que para que empieces a estar bien tienes que ver y escuchar, y atender lo que está mal. Pero sé que eres un gigante imbécil y atolondrado que mata las buenas razones. Deberías ya dejarte de eso. Vamos a ver qué pasa                

     

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